lunes, 31 de octubre de 2011

Un buen día

Se detuvo el viento. Silencio. Los pájaros, muertos de calor, muertos de muerte. La boca seca, los perros con los dientes amarillos y las lenguas moradas aúllan de cara al cielo. El mar que te rodea es negro, enorme, denso, los peces que te acompañaban se han ido, cansados. Barco a la deriva, timón roto, no hay rumbo, no hay destino. El beso de hoy no sucedió.

Siento el puñal frío de tu odio.

Salgo de esto con lo único que me queda como recurso, que no es otra cosa que la locura, los ojos perdidos y la saliva chorreando de mi boca, salgo y el cielo pesa, y el aire caliente me golpea el pecho y veo carteles en la calle pero no leo qué dicen y veo animales y hombres y cosas todas juntas y escucho palabras que no entiendo tampoco me importan lo único que me importaba se terminó ya no está partió aquel día viernes por la noche y cuando regresó ese lunes de mañana, yo estaba sentado al borde de la cama porque vos te despertaste de un salto y ahí todo se precipitó y te dije las palabras más frías y angustiantes que pude haber articulado jamás y luego cuando caminaba por una calle de tierra que recuerdo perfectamente cuál era lloré como un niño pero no sé bien porqué, si de alegría o de dolor si sé que no llovía y yo caminé toda la mañana y toda la tarde y toda la noche me detuve exhausto y cuando desperté caminé de nuevo sin flores en el ojal sin pensar más y al tercer día me desperté de nuevo en la cama pero era otra y la rueda giraba como antes no mentira nunca es igual y acá estoy ya un poco mejor sé que el barco se deshizo en pedazos un buen día así como hoy un buen día caminé sobre el agua negra, un buen día como hoy dejo de cantar, un buen día como hoy se terminó la música.

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